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sábado, 21 de julio de 2007

TROMBOSIS VENOSA Y EMBOLIA PULMONAR

Reproducido con permiso del Dr. Pedro Uribe Jackson. Cirujano Cardiovascular, Clínica Las Condes.

(En Poblete, R., Patología Arterial y Venosa, Sociedad de Cirujanos de Chile, A. Yuri, Ed., Santiago, Chile, 1994: 834-45)



INTRODUCCIÓN

La trombosis venosa es un acompañante frecuente en la práctica médica diaria y en especial en la práctica quirúrgica. Su complicación más temida es la embolia pulmonar, que en un porcentaje no despreciable de oportunidades puede ser fatal, enturbiando la mejor de las evoluciones clínicas postoperatorias.
Es difícil el cálculo exacto de la frecuencia de presentación de trombosis venosa profunda en los postoperatorios de cirugía, y aun más difícil calcular la incidencia de embolia pulmonar e incluso poder especificar en las muertes súbitas, cuales de ellas fueron producidas por embolia pulmonar masiva. El advenimiento de métodos de rastreo tales como el fibrinógeno marcado y la Ecografía con Doppler, han permitido que podamos tener una mejor apreciación sobre el problema.
Existen algunos datos en la literatura que, apoyados en los métodos anteriormente expuestos, han permitido poner algunas cifras tentativas a estas complicaciones de la cirugía.
Dalen, publica en el año 1986 en una revisión de consenso, que en cirugía de cadera de urgencia la embolia pulmonar fatal se produce entre el 4 y el 7 % de los pacientes. Si se toma en cuenta la cirugía electiva de cadera, la muerte por embolia pulmonar baja a cifras que fluctúan entre 0,3 y 1,7 %. La estimación de muertes por embolia pulmonar en cirugía general, abarcando los grupos de bajo, mediano y alto riesgo, alcanza cifras que varían entre 0,1 y 0, 8% (1).
Desde el interés manifestado por Kakkar en la profilaxis de la trombosis venosa en el postoperatorio, se han acopiado muchos datos respecto al depósito anormal de fibrinógeno, marcado en las pantorrillas de enfermos durante el período post-operatorio. Sabemos que este método tiene los inconvenientes de sobrediagnosticar los sucesos de pantorrilla, pero a la vez tiene menos sensibilidad para el diagnóstico de los eventos trombóticos en los segmentos iliofemorales, que por otro lado, son los más embolígenos.
Kakkar descubre que un 45 % de los pacientes en Cirugía General presenta actividad aumentada de fibrinógeno en sus piernas, y algo menos que el 1% de ellos hará una embolia pulmonar fatal (2).
Muchas veces se ha dicho que estas cifras descubiertas en los países del hemisferio norte no son aplicables a nuestra realidad.
Los datos en nuestro continente y en nuestro país son escasos, pero debe señalarse el estudio presentado por el Dr. Kappes, ejecutado en el Departamento de Cirugía Vascular del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, el cual estudió un grupo poblacional consistente en enfermos con cirugía de urgencia y electiva de cadera y enfermos de cirugía general mayor, todos considerados por lo tanto de alto riesgo tromboembólico, a quienes rastreó con fibrinógeno marcado, para estudiar el efecto protector del Dextrán de bajo peso molecular.
Lo rescatable de este trabajo es que un 40 % de los pacientes, presentaban depósito anormal de fibrinógeno en las piernas, lo que hace que la cifra sea exactamente parecida a lo publicado por Kakkar, e incluso algo superior que experiencias similares realizadas en EEUU (3).
Debemos inferir, por lo tanto, que en nuestro medio la trombosis venosa es un evento frecuente en nuestros postoperatorios, y la embolia pulmonar fatal es una amenaza siempre presente.
Una vez producida una embolia pulmonar, la sobrevida de los enfermos dependerá de la capacidad de poder efectuar prontamente el diagnóstico e iniciar una terapia.
De los enfermos con embolia pulmonar en los cuales se efectúa el diagnóstico, y por lo tanto hay tiempo para iniciar la terapia oportuna, 92 % de ellos sobrevive y un 8 % fallece.
Si por otro lado, tomamos el grupo poblacional en los cuales el diagnóstico no se hace, y por lo tanto no reciben tratamiento específico, sólo sobrevive el 70 % y fallece por consiguiente el otro 30 % (4).
Esto está demostrando que la mortalidad de la embolia pulmonar no tratada es alta, y este hecho resulta doblemente importante si pensamos que en la mayoría de los servicios, la embolia pulmonar es subdiagnosticada. Por lo tanto, nos hace ir al comienzo de la cadena, y pensar que si queremos evitar la muerte por embolia pulmonar, es muy importante pensar en su prevención.

PREVENCIÓN DEL TROMBOEMBOLISMO

Por lo anteriormente expuesto, creemos que el mayor impacto que podemos efectuar en el curso de esta enfermedad, radica en creer firmemente en su frecuencia y tratar de influir decisivamente en su prevención. Se han descrito numerosos métodos de prevención de riesgo, pero también hay que reconocer que no todas las poblaciones están expuestas a un riesgo similar, y por eso ha resultado útil dividir a la población quirúrgica en enfermos de bajo, moderado y de alto riesgo tromboembólico (5).
La incidencia de trombosis venosa de pantorrilla, de trombosis venosa proximal y de embolia pulmonar fatal, es diferente en los distintos grupos, como se puede apreciar en la Tabla I.













RIESGO BAJO:
Caen dentro de esta clasificación todos los pacientes sometidos a cirugía general, que tengan menos de 40 años y sin factores de riesgo asociados. Corresponden a riesgo bajo además, enfermos mayores de 40 años, sin factores de riesgo y que son sometidos a cirugía menor, definida como aquella que tenga una duración de menos de 30 minutos.

RIESGO MODERADO:
Corresponde a enfermos sometidos a cirugía general, que tienen más de 40 años y con un tiempo operatorio de más de 30 minutos y sin factores asociados de riesgo tromboembólico.

RIESGO ALTO:
Entendemos por riesgo tromboembólico alto los pacientes sometidos a cirugía general que tienen más de 40 años y que tienen factores de riesgo, como ser una historia de trombosis venosa o embolia pulmonar previa, várices importantes, que son sometidos a cirugía de alto riesgo embólico, como es la cirugía pelviana o abdominal por cáncer y la cirugía ortopédica mayor, en especial cadera y rodilla.

Analizado desde esta perspectiva, el riesgo de trombosis venosa proximal en enfermos de bajo riesgo es menos del 1 %, y la producción de embolias pulmonares fatales en este grupo poblacional es menor de 10 en 1000. Las personas con riesgo moderado presentan una frecuencia de 2 a 10 % de trombosis venosa proxima,l y un riesgo de embolia pulmonar fatal de 0,1 a 0,7 %. En cambio, las personas mencionadas en el grupo de alto riesgo tromboembólico tienen 10 a 20 % de trombosis venosa proximal, y un riesgo de morir por embolia pulmonar fatal entre el 1 y el 5 % (6).

Se han descrito un sinnúmero de medidas profilácticas, entre las que se cuentan las siguientes:

- Elevación de piernas: Aumenta notablemente el flujo en las venas de la pantorrilla y disminuye el depósito en trombos en ellas.
- Levantada precoz: Conocida desde la antigüedad como la medida más importante para evitar el reposo y la estasia sanguínea en pantorrillas.
- Compresión elástica: Una medida simple, que es extraordinariamente popular en Europa y en Estados Unidos y que forma parte integral del cuidado postoperatorio de todo enfermo de riesgo moderado y alto.
- Compresión neumática: Perfecciona la compresión elástica, y permite movilizar los lagos venosos de gemelos y soleos para evitar la estasia sanguínea en ellos.
- Estímulo eléctrico de pantorrillas: Cumple la misma función que el punto anterior.
- Interferencia con los mecanismos bioquímicos de la coagulación: A este respecto se han estudiado innumerables fármacos, siendo el más popular la Heparina administrada por vía subcutánea, preferentemente cálcica por la liberación más lenta, que fue abundantemente descrita por Kakkar y que ha demostrado que efectivamente reduce el depósito anormal de fibrinógeno en las extremidades de los postoperados y las embolias pulmonares fatales (2).
- Derivados cumarínicos, que han demostrado su alta eficacia en grupos de alto riesgo, pero presentan una alta incidencia de hemorragia intra y postoperatoria.
- Dextrán de bajo peso molecular, cuya eficacia ha sido contradictoria en diferentes estudios, pero que tiene la facilidad de la administración.
- Aspirina, que no es tan efectiva en el lado venoso como lo es en el lado arterial.
- Dehidroergotamina, que en concomitancia con Heparina subcutánea produce buenos resultados en enfermos de alto riesgo tromboembólico.
- Heparinas de bajo peso molecular, o fracciones de Heparina, que conservan todo el poder antitrombótico de la Heparina de cadena larga en relación con su efectividad en inhibir al factor Xa, pero cuya tendencia a producir hemorragias es menor, por tener mucho menos capacidad de formar complejos con la Antitrombina III.
El análisis acabado de cada una de estas modalidades sería muy difícil, ya que existe una numerosísima literatura al respecto y muchas veces controvertida, porque la metodología empleada no siempre ha sido estandarizada. Vale la pena señalar del trabajo de consenso publicado en la Revista Chest por Clagett en 1992, la recolección de diversos ensayos que cumplen con metodología similar, y que permiten la comparación de la eficacia en cuanto a la reducción del número de trombosis venosas, y calcular la disminución del riesgo con cada medida instaurada (Tabla II) (7).














El análisis de esta Tabla, permite observar que medidas muy sencillas como las medias elásticas, reducen en un 63 % el riesgo de trombosis venosa proximal y por otro lado, que tanto la Heparina subcutánea convencional y mucho mas aun la Heparina de bajo peso molecular, logran una importante reducción del riesgo de trombosis venosa profunda en cirugía general, fluctuando entre el 68 y 86 %.
Se analiza cada una de las otras modalidades, y cuando uno compara riesgo vs. beneficio de cada modalidad, se puede llegar a recomendar que las medidas más importantes en la prevención de la trombosis venosa van a ser el uso de apoyo elástico, la levantada precoz y la utilización de alguna forma de Heparina subcutánea, siendo preferible la Heparina de bajo peso molecular.

La recomendación actual de profilaxis tromboembólica, de acuerdo a grupos de riesgo, es la siguiente:
1.- En enfermos de bajo riesgo de tromboembolismo no se hace profilaxis.
2.- En enfermos de riesgo mediano, se utilizan medias de compresión graduada, levantada precoz y Heparina de bajo peso molecular, comenzando 2 horas antes de la intervención en las dosis recomendadas por cada una de ellas (Ej. 20 mg de Enoxaparín subcutáneo cada 24 h).
3.- En enfermos de alto riesgo de tromboembolismo se recomienda asociar métodos, partiendo por las medias de compresión graduada, levantada precoz, utilización de una dosis doble de Heparina de bajo peso molecular (Ej.: Enoxaparín 40 mg, empezando 2 horas antes de la cirugía y continuando cada 24 h), que puede ir asociada a algún otro método, especialmente en aquella patología en donde la incidencia de trombosis venosa proximal es elevadísima, como es el reemplazo total de rodilla, en el cual se recomienda asociar los elementos de compresión neumática.

TROMBOSIS VENOSA PROFUNDA

La trombosis venosa profunda, puede explicarse a través de la triada clásica de Virchow, que sigue siendo válida hasta el día de hoy y que describe las trombosis como causadas por 3 factores:
1.- Estasis sanguíneo. En el párrafo anterior, describimos largamente como es importante prevenir el reposo de la columna sanguínea en los lagos gemelares y soleos, y como tal, la frecuencia de trombosis venosa es más alta en enfermos postrados en cama, en postoperatorios, en enfermos enyesados y en enfermos con insuficiencia cardiaca.
2.- Daño endotelial de la pared venosa, que hoy por hoy adquiere gran relevancia en la medida que invadimos a nuestros enfermos con catéteres endoluminales y soluciones hipertónicas.
Se ha podido demostrar que pasados algunos días, una proporción importante de los enfermos que tienen catéteres venosos centrales, subclavios o yugulares (entre el 30 y el 50 % de ellos) presentan trombosis yugular o subclavia e incluso de la cava superior.
Hay que considerar que un 15 % de las embolias pulmonares en el ambiente de UTI pueden provenir del territorio de la cava superior.
3.- Hipercoagulabilidad: Es el tercer mecanismo establecido por Virchow y el que ha sido menos conocido hasta tiempos recientes. Hoy sabemos que debemos buscar en enfermos portadores de trombosis venosas inexplicables, déficit de Antitrombina III, sustancias procoagulantes como los Anticuerpos Antifosfolípidos asociados o no a la enfermedad de Lupus Eritematosos Diseminado, déficit en proteína C y proteína S, etc.

PERFIL CLÍNICO DE LAS TROMBOSIS VENOSAS PROFUNDAS

Las trombosis venosas profundas en la práctica clínica se asocian en un 2,5 a 5 % a trombosis venosa previa, y otro porcentaje similar presenta várices o elementos de insuficiencia venosa.
La sintomatología de la trombosis venosa es esquiva y no siempre se dan los síntomas clásicos. Hay que considerar también que sólo un 5 % de las trombosis venosas de pantorrilla dan síntomas y signos que fuertemente sugieren la enfermedad, y que de las trombosis venosas poplíteas o proximales, sólo un 40 ó 50 % de ellas dan síntomas y signos sugerentes.
Esto quiere decir que, aun en las trombosis más extensas, la mitad de los enfermos no presenta síntomas que orienten al clínico de su presencia.
Por el motivo anteriormente expuesto, se desprende que lo más importante para el diagnóstico de una trombosis venosa profunda en un postoperado es la alta sospecha clínica y la revisión sistemática de las pantorrillas del paciente. En la actualidad, existen diversos métodos que permiten hacer en forma mas oportuna y con mayor certeza el diagnóstico de trombosis venosa profunda.

MÉTODOS DE DIAGNÓSTICO DE LA TROMBOSIS VENOSA PROFUNDA

Flebografía ascendente:
La flebografía ascendente ha sido el patrón oro para el diagnóstico de la trombosis venosa profunda. En Servicios de Radiología activos, es un examen de fácil ejecución provista la capacidad de puncionar una vena del dorso del pie. Ocasionalmente es dolorosa y tiene el inconveniente de la alergia al medio de contraste.
La información que otorga es generalmente muy satisfactoria, teniendo por lo tanto una sensibilidad y especificidad vecinas al 100 %.
Durante las dos últimas décadas, el Laboratorio Vascular no invasivo ha ido cobrando importancia y desarrollando métodos para intentar el diagnóstico más preciso de esta afección idealmente con un método no indoloro, fácil de reproducir y ejecutable al lado de la cama del enfermo.
En este orden, han ido apareciendo el rastreo de cada grupo venoso con Doppler continuo, la pletismografía de oclusión venosa en sus diversas modalidades y la fleborreografía, hasta llegar finalmente a la ecografía integrada con Doppler, lo que se conoce como Duplex.
El Dupplex permite asociar las capacidades ecográficas, para visualizar las venas preferentemente del segmento proximal (venas ilíacas, femorales comunes, femorales profundas, femorales superficiales y poplíteas) en muy buena forma, y a la vez interrogar las alteraciones de flujo con el Doppler integrado, en el interior de ellas.
Los criterios válidos para el diagnóstico de trombosis venosa con Duplex son los siguientes (8):
1.- Observación de trombos en el interior del lumen con su ecogenicidad característica.
2.- Falta de compresibilidad de la vena con el transductor, signo extraordinariamente confiable de vena ocupada con coágulo.
3.- Ausencia de señal de flujo normal dentro de la vena y alteración del patrón de repuesta normal del flujo con compresión proximales y distal a la lesión.
4.- Ausencias de cambio en el diámetro de la vena al efectuar inspiraciones profundas o maniobras de Valsalva.
Muchos trabajos han estudiado la validación del Duplex comparándola con la Flebografía y con los otros métodos no invasivos. Sólo señalaremos en trabajo de Comerota, quien señala una sensibilidad de 100 % en las trombosis venosa de poplítea a proximal, comparado con una sensibilidad de 86 % en trombosis infrapoplíteas, en un grupo de enfermos cuya trombosis venosa profunda ha sido diagnosticada con flebografía (9).
La adición de color al Duplex ha agregado facilidad de ejecución y aumenta la sensibilidad en el estudio de los vasos a nivel de gemelos, como lo demuestra Mattos, quien encuentra con este método que la sensibilidad suprapoplítea sigue siendo de 100 %, aumentando la sensibilidad por debajo de la vena poplítea con la visión de color a 94 %, con una especificidad de 75 % (10).
En conclusión, podemos señalar que la aparición del Duplex especialmente con su agregado de color, permite un diagnóstico de la inmensa mayoría de las trombosis venosas proximales con una sensibilidad y especificidad que nos permite por lo tanto tomar decisiones terapéuticas válidas, sin necesidad de recurrir a exámenes invasivos. También hay que señalar que estos exámenes siguen siendo artesanales, en el sentido de que se requiere de un buen aparato de ecografía y un buen operador para reproducir los resultados esperados.

EMBOLIA PULMONAR

La embolia pulmonar es la complicación más temida de la trombosis venosa y el acompañante más indeseado de un postoperatorio tranquilo. Se da dentro de un espectro clínico en donde sólo un 30 % de los enfermos presentan síntomas y signos de trombosis venosa clara, y por otro lado sólo en un 70 % de los enfermos con embolias pulmonares se logra demostrar el sitio de la trombosis venosa. En el 30 % restante, habrá que pensar que se puede haber producido en venas pelvianas no asequibles a los métodos diagnósticos, en aurículas, en extremidad superior, etc.
Si analizamos las trombosis venosas profundas proximales que no se tratan, la incidencia de embolia pulmonar es alta y llega a cifras cercanas al 50 % (11).
El diagnóstico de la embolia pulmonar es siempre difícil, ya que los métodos de los cuales disponemos, entre ellos la radiografía de tórax, el electrocardiograma, la cintigrafía y la angiografía son muchas veces difíciles de implementar. La radiografía de tórax y el electrocardiograma son demasiado inespecíficos para poder orientar al clínico en decisiones terapéuticas de importancia. Por lo tanto, centraremos la discusión en la validez de la cintigrafía de ventilación y perfusión y en la angiografía pulmonar.
Los trabajos más importantes en validación de cintigrafía en enfermos con embolia pulmonar los ha producido el grupo del Mc Master Hospital de Hamilton, Canadá, encabezados por Hull (12). Este grupo ha tenido por años un especial interés en la enfermedad tromboembólica y ha recopilado una larga serie de enfermos, todos con diagnóstico flebográfico, cintigráfico y angiografía pulmonar, de tal modo que las conclusiones obtenidas son de gran validez.
Lo primero que menciona el grupo de Hull es que la sensibilidad y especificidad del cintigrama de ventilación-perfusión es diferente, de acuerdo a si el segmento no perfundido es un segmento mayor o es un segmento menor. Entienden por un defecto mayor de perfusión aquel que al menos es lobar, y son de defectos menores aquellos que comprometen menos que un lóbulo.
Ellos señalan que un defecto mayor de perfusión con la ventilación conservada tiene un 86 % de posibilidad de hacer una embolia pulmonar. Si este defecto mayor no tiene conservada la ventilación, la posibilidad cae aproximadamente a la mitad. Por otro lado, si pensamos en un defecto menor o un defecto múltiple, la posibilidad de embolia pulmonar es sólo de un 40 % cuando la ventilación está conservada e igualmente baja a la mitad si la ventilación no esta conservada. Vemos por lo tanto, que la sensibilidad de la cintigrafía de ventilación perfusión es relativa al defecto encontrado, y puede señalarse también que su gran utilidad radica en la observación de un defecto lobar, con ventilación conservada, en el enfermo que tiene una radiografía pulmonar limpia.
Conclusiones similares tuvo el grupo del Pioped, quienes evaluaron un alto número de enfermos con sospecha de embolia pumonar, con cintigrafía y angiografía. Si analizamos los resultados del Pioped desde otro punto de vista, en cuanto al número de enfermos que tenían embolias pulmonares angiográficamente certificadas y que no tenían cintigramas de ventilación-perfusión de alta probabilidad, vemos que correspondían a un 59 % (13).
Esto indica que en el diagnóstico preciso de la embolia pulmonar la cintigrafía es una ayuda, cuya positividad es importante cuando aparece un gran defecto de ventilación-perfusión en un territorio radiológico sano y en un ambiente de alta probablilidad, pero que en la mayoría de las veces necesitaremos la confirmación angiográfica pulmonar de este cuadro.
La angiografía pulmonar es el patrón oro, permite el diagnóstico con alta sensibilidad y especificidad de aquellos defectos que son mayores de 3 mm, pero su uso esta limitado por el alto costo, por ser un examen invasivo y complejo, y porque tiene una mínima morbimortalidad. Nosotros somos fuertes partidarios de la realización de angiografías pulmonares en enfermos con alta sospecha, porque es la única forma certera que nos permite establecer un diagnóstico preciso para las decisiones terapéuticas que de este diagnóstico se derivan.
Es importante señalar un detalle en el estudio de los enfermos con embolias pulmonares, y este detalle se refiere al valor de la flebografía de extremidades inferiores, que es positiva en el 70 % de las embolias pulmonares confirmadas.
Si consideramos que el Duplex a color tiene una sensibilidad vecina al 100 % y una especificidad similar, podemos inferir que alrededor del 70 % de los enfermos con embolias pulmonares confirmadas tendrán Duplex a color positivo de sus extremidades, y no requerirán de angiografía pulmonar.
En nuestra práctica nos guiamos fuertemente por estos hallazgos, ya que enfrentados a un enfermo con sospecha de embolia pulmonar y a la vez ante un Duplex positivo en extremidades, el tratamiento es exactamente igual para la trombosis venosa o la embolia pulmonar, y ambos deben recibir terapia de Heparina intensiva en la forma que más adelante se señalará.
Este recurso es frecuentemente olvidado, y vemos que ocasionalmente los enfermos son estudiados con exámenes como la angiografía cuando ya se tiene la clara demostración flebográfica o por Duplex de una trombosis venosa proximal mayor. Justificamos la angiografía en aquellos casos en los cuales se debe indicar algún método más de tratamiento o prevención, como puede ser la colocación de un dispositivo en la cava a modo de filtro para detener las embolias pulmonares.

Conclusión:

Frente al diagnóstico de una embolia pulmonar, realizamos el siguiente algoritmo de decisiones: Provisto una Rx de tórax normal, se pide un cintigrama de ventilación-perfusión. Si el cintigrama es normal y la radiografía es normal, se excluye la embolia pulmonar.
Si el cintigrama es de alta probabilidad con radiografía normal tratamos al paciente. Si el cintigrama es de probabilidad baja, dependeremos del Duplex. Si el Duplex es positivo, trataremos, y si el Duplex es negativo y nuestra sospecha alta, favoreceremos una angiografía pulmonar.


TRATAMIENTO DEL TROMBOEMBOLISMO PULMONAR

Las consideraciones terapéuticas sobre el tratamiento de la trombosis venosa y embolia pulmonar son similares.
Debemos recordar que la trombosis venosa presenta una alta incidencia de embolia pulmonar si no es tratada y ésta se produce especialmente dentro de los 7 a 10 primeros días. Es por ello que favorecemos fuertemente el tratamiento de las trombosis venosas con Heparina en un ambiente hospitalario por un lapso que comentaremos mas adelante, y luego continuaremos con el tratamiento antiprotrómbico oral, por espacio de 3 a 6 meses, que es el tiempo demostrado en ocurrir la recanalización y colateralización del trombo en extremidades.
Vale la pena señalar los señeros trabajos de Barritt y Jordan, publicados en Lancet en 1960 (14), quienes estudiaron 2 grupos de pacientes con embolias pulmonares demostradas. A un grupo se les administró Heparina y al otro no. De 16 enfermos que fueron tratados con Heparina, sólo un enfermo fallece y no hay recurrencia embólica en ninguno. De 16 enfermos tratados sin Heparina, 5 fallecen y en 5 ocurre recurrencia embólica. A partir de este trabajo, la Heparina ha sido parte indispensable en el tratamiento de la embolia pulmonar.

Existen numerosas interrogantes que se plantean frecuentemente en la práctica clínica respecto a las modalidades de uso de la Heparina en el tratamiento de la embolia pulmonar. Intentaremos responder algunas.

1.- ¿La Heparina debe ser administrada endovenosa o subcutánea?
Desde el advenimiento de la Heparina por vía subcutánea, ha existido gran confusión en el ambiente médico respecto a las modalidades terapéuticas en trombosis venosas o embolias pulmonares.
Correspondió al grupo Hull, ya mencionado por su alto interés en el tromboembolismo pulmonar, dilucidar esta duda. Ellos recopilaron 115 enfermos con trombosis venosa proximal demostradas flebográficamente y que trataron al azar con Heparina en dosis endovenosas o subcutáneas. El objetivo terapéutico en ambos casos fue alargar el TTPA más de 1 media vez el valor control. Ellos observaron que la recurrencia trombótica se producía en 19,3 % de los enfermos tratados con dosis subcutánea en contra de 5,2 % en los enfermos tratados en forma endovenosa, cifra que arrojaba una diferencia altamente significativa.
Analizando a aquellos enfermos que recurrieron, pudieron observar que la recurrencia era mayor cuando el TTPA logrado era menor de 1,5 veces el control, y pudieron observar que esta situación se produjo en el 63 % de los enfermos tratados por vía subcutánea en contra de 29 % de los enfermos tratados por vía endovenosa (15). Se concluye por lo tanto que con la Heparina por vía endovenosa se logra en forma mucho mas perfecta el objetivo de prolongar el TTPA y esto va en relación directa al objetivo terapéutico de evitar la recurrencia trombótica. Por lo tanto, debemos dejar establecido que la modalidad óptima de tratamiento de la trombosis venosa profunda corresponde a la administración de Heparina por vía endovenosa, con el objeto de prolongar el TTPA a cifras terapéuticas.
2.- ¿La Heparina debe ser administrada en forma continua o intermitente?
Desde el comienzo de la terapia con Heparina ha existido la controversia respecto a la forma de administrarla, ya sea intermitente, por bolos endovenosos otorgados cada 4 ó 6 horas, o bien utilizando bombas de infusión electromecánicas, que permitan la administración continua de ella. Este punto fue estudiado por Hyers, el cual establece que la durante la terapia continua, la posibilidad de sangrado adverso es menor del 1 %, pero en cambio la terapia intermitente produce hemorragias que obligan a modificar o suspender el tratamiento entre el 9 y el 33 % de los enfermos (16). Por lo tanto, provisto que se tengan los elementos necesarios, el tratamiento óptimo de la trombosis venosa y de las embolias pulmonares se efectúa a través de la administración continua de Heparina endovenosa.
3.- ¿Por cuanto tiempo es necesario tratar las trombosis venosas profundas con Heparina?
Lo clásico se reducía al tratamiento de los 10 primeros días con el enfermo hospitalizado, dado que la curva de incidencia de embolia pulmonar era decreciente hasta el décimo día.
Hull vuelve a analizar este fenómeno, estudiando 2 grupos de enfermos con trombosis venosas profundas demostradas, administrando al primer grupo la Heparina por el tiempo convencional de 10 días y al segundo la Heparina por un tiempo acortado de 5 días, siguiendo clínicamente a ambos grupos hasta el 3er. mes (17). El observa que la recurrencia trombótica se produce en 7 enfermos de cada grupo, lo que le hace concluir que el acortar la fase aguda del tratamiento con Heparina endovenosa no influye en los resultados finales.
4.- ¿Cuál debe ser la intensidad del tratamiento anticoagulante oral?
El tratamiento por 3 a 6 meses en las trombosis venosas con anticoagulantes orales conlleva un cierto riesgo de hemorragia, que es directamente proporcional al tiempo de protrombina logrado. Hull estudia, en un grupo de 96 pacientes con trombosis venosa proximal demostrada flebográficamente, el porcentaje de sangrado y recurrencia si son sometidos a terapia antiprotrómbica intensa para llevar el tiempo de protrombina entre 1.5 y 2 veces lo normal, o bien con un esquema más moderado, intentando llevar el tiempo de protrombina entre 1.3 y 1.5 veces lo normal.
Comparando el resultado con ambos esquemas, se observa que la recurrencia trombótica es igual en ambos grupos (vecina al 2 %), pero el porcentaje de sangrado bajo tratamiento es significativamente mayor (22 % vs. 4 %) cuando se utiliza el esquema mas intenso (18). Podemos concluir por lo tanto, que es útil mantenerse dentro de rangos no muy intensos de tratamiento antiprotrómbicos para el control al mediano plazo de la enfermedad.
5.- ¿Debe tratarse la Trombosis Venosa aislada de pantorrilla?
Para muchos la trombosis venosa de pantorrilla es inocente y dado que se ha documentado que sólo el 1 % desarrolla embolia pulmonar sería solo necesario tratarla con reposo en cama, elevación de extremidad y posiblemente antiinflamatorios.
Con la posibilidad hoy día de seguir la evolución de las trombosis venosas con Duplex, aparece en el año 1991 el reporte de Lohr, quien sigue a un grupo de 75 pacientes portadores de trombosis venosas de pantorrilla a los que se les va haciendo examen seriado con Duplex.
Observa que en 32 % de los enfermos hay propagación hasta la poplítea y en un 16 % de ellos se propaga por sobre el nivel poplíteo, transformándose por lo tanto en trombosis venosas proximales con mayor riesgo embólico. También observó que un 5 % de los pacientes con trombosis venosa de pantorrilla tuvieron déficit cintigráficos pulmonares nuevos (19). Se concluye por lo tanto, que la trombosis venosa de pantorrilla no es inocente y debe ser tratada en igual forma que una trombosis venosa proximal.

TRATAMIENTO FIBRINOLÍTICO EN LA TROMBOSIS VENOSA PROFUNDA Y EN LA EMBOLIA PULMONAR

El advenimiento del uso de fibrinolíticos, con amplia experiencia para el tratamiento del infarto agudo del miocardio, ha hecho abrir otras posibilidades en el tratamiento de la trombosis venosa profunda y de la embolia pulmonar.
En el caso específico de la trombosis venosa profunda, se puede teorizar de que el tratamiento precoz con fibrinolíticos tendría la posibilidad de disolver rápidamente el coágulo y sería el único mecanismo que nos permitiría trabajar en la prevención de daño venoso a futuro, evitando la producción de síndromes postrombóticos.
Esta teorización ha sido llevada a la práctica por algunos autores y destaca el trabajo de Goldhaber, publicado en el año 1984, que recopiló 6 series de pacientes tratados por trombosis venosa profunda, todas con diagnósticos flebográficos y sometidas a tratamiento con Estreptoquinasa. Se observa que en los pacientes tratados con Estreptoquinasa, la lisis del coágulo fue 3,7 veces más frecuente que en los tratados con Heparina. Debe destacarse sin embargo, que la hemorragia importante observada bajo tratamiento con Estreptoquinasa fue 9 veces más frecuente que durante tratamiento convencional con Heparina (20). Por lo tanto, es importante concluir que si bien hay lisis del coágulo con mayor frecuencia con estos tratamientos, el enfermo es sometido a un riesgo mayor, y sólo mejorar la función a largo plazo podría inclinar la balanza hacia el tratamiento fibrinolítico.
La función a largo plazo ha sido estudiada por algunos autores, entre ellos Albrechtson, quien evaluó 35 pacientes con trombosis venosa profunda que se trataron con fibrinolíticos y se controlaron 29 meses después.
En la evaluación, se observó que el 71 % de los enfermos presentaban síntomas de insuficiencia venosa profunda, una cantidad similar desarrolló signos de insuficiencia venosa profunda, el 83 % demostraron alteración en el laboratorio no invasivo, específicamente en pletismografía de oclusión venosa y un 100 % tuvieron flebografía anormal.
Otro estudio publicado por Kakkar, reporta 49 pacientes con trombosis venosa profunda, la mitad de ellas tratadas con Heparina y la otra mitad con trombolíticos. Un tercio de los enfermos que se trataron con trombolíticos, no presentaron variación del trombo a la flebografía de control y el estudio a 2 años plazo demostró que no existía una diferencia significativa en las alteraciones clínicas y en la volumetría del pie entre el grupo tratado con Heparina y Trombolíticos (21).
Se puede concluir por lo tanto, que en el estado actual de la trombolisis ésta no permite la disolución completa de los coágulos, ofrece al enfermo un mayor riesgo hemorrágico y no soluciona el problema de prevenir el síndrome postrombótico a largo plazo.
Sin embargo, debe puntualizarse que existe un papel para la trombolisis en trombosis venosa aguda, y esta dado precisamente en la trombosis venosa profunda isquémica o flegmasia cerulea dolens, en el cual el tratamiento con Estreptoquinasa puede ser revertir dramáticamente la condición de la extremidad. En esa situación, debe mencionarse que existe una clara indicación de trombectomía venosa y debe sopesarse este riesgo contra el de un fibrinolítico.

FIBRINOLÍTICOS EN EMBOLIA PULMONAR

Las mismas disquisiciones teóricas respecto a la posibilidad de disolver en forma pronta masas trombóticas en extremidades, se han hecho para la embolia pulmonar.
Esto fue estudiado hace algún tiempo en un estudio tradicional que fue denominado el UPET, que recopiló un grupo de enfermos con embolia pulmonar documentada angiográficamente y que fueron alocados al azar a tratamiento con Heparina o con Uroquinasa.
Se siguió con cintigramas seriados, y se pudo observar que si bien la Uroquinasa reducía el defecto cintigráfico más rápido que la Heparina, no existieron diferencias en la mortalidad y sin embargo, hubo 4 veces más frecuencia de hemorragia en el tratamiento con Uroquinasa (22, 23). Se han repetido un sinnúmero de estudios en el mismo sentido, con resultados variables y conflictivos. En nuestra experiencia, los fibrinolíticos en embolia pulmonar masiva son útiles y permiten, al igual que en la trombosis venosa isquémica, sacar un enfermo de alguna condición grave.
No es nuestra elección en el tratamiento de la embolia pulmonar, pero puede ser reservada para aquellos casos de embolia pulmonar masiva en shock. Hemos tenido un caso reciente de una embolia pulmonar masiva en la arteria pulmonar derecha, que no revirtió con tratamiento de Estreptoquinasa en dosis adecuadas y que a las horas siguientes debió ser ingresado en hipotensión extrema a pabellón para efectuar una embolectomía de la arteria pulmonar, con recuperación completa del paciente.


INTERRUPCIÓN DE LA VENA CAVA INFERIOR

Desde hace años, se ha considerado que una de las medidas preventivas para evitar una embolia pulmonar en el caso de trombosis venosas de alto riesgo puede ser interrumpir la cava, para atrapar las masas embólicas en su migración hacia el pulmón.
Ellas comenzaron con la interrupción quirúrgica con una ligadura completa de la cava, al que le siguió el diseño de clips que permiten compartamentalizar la cava en canales de alrededor de 3 mm, evitando por lo tanto embolias masivas. El inconveniente de esta técnica, es que en un enfermo grave, requiere de anestesia general y un acceso habitualmente por flanco o intraabdominal.
Para evitar estos inconvenientes, se diseñó lo que en un comienzo fue llamado un "paraguas" (Mobin-Uddin), que podría ser insertado con anestesia local a través de la yugular interna, para ser alojado en la cava inferior bajo visión fluoroscópica. Este "paraguas" original de Mobin-Uddin se demostró altamente efectivo en la prevención de embolias pulmonares, pero con una alta incidencias de trombosis por la importante superficie de material sintético que dejaba en el interior de la cava.
Lazar Greenfield modifica el concepto del "paraguas", reemplazándolo por un filtro de metal que ha evolucionado desde el acero inoxidable hasta el titanio, que se colocaba originalmente por acceso quirúrgico de la yugular interna, y que actualmente puede ser introducido por vía percutánea, tanto femoral como yugular. Este dispositivo tiene un diseño tal, de que atrapando un coágulo grande en su superficie central, permite un alto flujo venoso periférico e incluso permite la posibilidad de lisis del coágulo atrapado.
La efectividad del "paraguas" de Greenfield es alta y la trombogénesis es mínima. Tienen otros problemas, tales como la migración, la perforación de cava, etcétera, pero que son de poca monta. Este "paraguas" ha sido modificado con otras versiones, existiendo el nido de pájaro desarrollado por Mobin-Uddin, el Filcard desarrollado por los franceses, etcétera, cada uno de los cuales tiene ventajas y desventajas, pero en la actualidad la gran tendencia es la posibilidad de colocarlos todos por vía yugular o femoral y en forma percutánea. Esto último ha simplificado enormemente el procedimiento. A pesar de lo simple del procedimiento hay que atenerse estrictamente a las indicaciones clásicas de la interrupción de cava, que son las siguientes (24):
1.- Una embolia pulmonar recurrente a pesar de anticoagulación adecuada.
2.- Trombosis venosa iliofemoral o embolia pulmonar con contraindicación absoluta de uso de anticoagulante, generalmente una hemorragia activa, postoperatorio reciente especialmente neuroquirúrgico, trauma reciente, especialmente con TEC.
3.- Hemorragia activa durante el tratamiento de una trombosis venosa proximal.
4.- Embolia séptica, que representa una indicación más bien de ligadura de cava.
5.- En conjunto con una embolectomía pulmonar, ya que la recidiva embólica en estos casos es frecuente.
Existen otras indicaciones que son relativas en la colocación de filtros de cava y deben ser evaluadas por cada equipo tratante de acuerdo a la experiencia en estas técnicas y son las siguientes:
1.- Trombosis iliofemoral con trombo flotante.
2.- Trombosis venosa profunda reciente con necesidad de una cirugía abdominal, especialmente oncológica, en cuyo caso favorecemos colocar un clip en el acto intraoperatorio.
3.- En enfermos parapléjicos hay ciertos grupos que rutinariamente colocan filtros en la cava por la alta incidencia de embolia pulmonar.
4.- En enfermos con neoplasia hay una alta tendencia a instalar filtros en cava, por las altas posibilidades trombogénica de estos enfermos y las embolias pulmonares recurrentes. Se ha demostrado que el tratamiento con filtro en la cava previene más la embolia pulmonar que el tratamiento anticoagulante.


RESUMEN Y CONCLUSIONES

Hemos querido demostrar que la trombosis venosa profunda es una complicación frecuente en los postoperatorios de nuestros enfermos quirúrgicos y que la embolia pulmonar es una amenaza siempre presente, en porcentajes variables, de acuerdo al riesgo de la cirugía emprendida. La profilaxis tromboembólica ha de ser nuestra mayor preocupación para reducir el número de fatalidades que se producen por esta eventualidad y para ello hay que tener muy clara la etapificación por riesgo de los enfermos y las medidas simples, como ser compresión elástica, levantada precoz y utilización de las nuevas Heparinas de bajo peso molecular.
Los diagnósticos de la trombosis venosa y la embolia pulmonar deben ser agresivos, apoyados hoy día en los métodos no invasivos y cuando es necesario en métodos invasivos como la angiografía pulmonar y el tratamiento debe ser hospitalizado, enérgico, basado en los principios clásicos de uso de Heparina y en la continuación con los antiprotrombicos. Los filtros de cava tienen indicaciones restringidas que se han enumerado.

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sábado, 7 de julio de 2007

TROMBOSIS VENOSA PROFUNDA

Reproducido con permiso del Dr. Lorenzo Naranjo Tapia. Jefe Servicio Cirugía Cardiovascular, INERyCT, Santiago.

(En Poblete R., Patología Arterial y Venosa, Sociedad de Cirujanos de Chile, A. Yuri Ed., Santiago, Chile 1994: 660-82)


INTRODUCCIÓN

Trombosis venosa significa la formación, en un ser viviente, de un trombo sanguíneo al interior de un vaso venoso al que incluso puede llegar a obstruir.
Toda lesión de la pared vascular, no importando su origen, favorece la aparición de trombosis. Una disminución del débito circulatorio de causa cardiaca o venosa acrecienta también los riesgos de trombosis, sobre todo a nivel de las extremidades inferiores. Las alteraciones de la coagulación sanguínea pueden igualmente favorecer una trombosis. La trombosis venosa profunda y su complicación más temible, el tromboembolismo pulmonar, es una enfermedad que afecta al paciente ambulatorio y con frecuencia máxima al paciente hospitalizado por razones médicas y especialmente quirúrgicas.
La incidencia de trombosis venosa profunda en el paciente hospitalizado, ha sido motivo de diversos estudios, basados especialmente en la incorporación al trombo de sustancias como el fibrinógeno marcado con I125. Estos demuestran que si bien la magnitud que alcanza el problema es significativa, la mayoría de los trombos que se detectan son pequeños, limitados a la pantorrilla, asintomáticos y carentes de repercusión clínica (1, 2).
No ocurre lo mismo cuando se considera en forma aislada al grupo de pacientes quirúrgicos (3), en los cuales se ha demostrado una incidencia de embolia pulmonar fatal de 0,1 a 0,8 %, ni cuando se analizan en forma separada los grupos de mayor riesgo, como son aquéllos sometidos a cirugía de cadera. En estos, se demuestra una incidencia de embolia fatal de 0,34 a 1,7 % en casos de cirugía electiva, y de hasta un 4 a 7 % si ésta es de urgencia.
Es difícil determinar la incidencia de la trombosis venosa profunda en la población general, sobre todo si ella es limitada y por lo tanto, carece de los síntomas que la demuestran.
Cuando ésta es manifiesta, la trombosis es por lo general extensa, comprometiendo la vena poplítea o la femoral. A pesar de lo anterior, la incidencia de tromboembolismo conocido en éstos pacientes es baja. En efecto, aun cuando la causa se ignore, la embolia pulmonar sintomática es infrecuente en el paciente ambulatorio y la mortalidad debida a esta causa, excepcional (4, 5).
En relación a la distribución de la trombosis venosa en los diferentes territorios vasculares, el primer lugar lo ocupa el sistema de la vena cava inferior con el 84,6% y, dentro de este, las venas femorales con el 65,7% (6).
Una aproximación de la distribución de las trombosis venosas profundas en el territorio de la vena cava inferior y en las venas de la extremidad inferior se resume en las Tablas I y II. De ellas, se deduce que la mayoría de las trombosis que deberemos afrontar se asientan en las extremidades inferiores, y dentro de éstas, en las venas de la pantorrilla.




























ETIOPATOGENIA

Avanzando algo mas allá de la tríada de Wirchow, parece claro que en la génesis de toda trombosis venosa están involucrados varios factores predisponentes y mecanismos precipitantes, entre los cuales la estasia venosa casi nunca se encuentra ausente (7). Una vez producido el daño endotelial, la exposición de la membrana basal de las células induce fenómenos de agregación plaquetaria y de activación de la cascada de la coagulación que, si no son compensados por la acción de los inhibidores de la coagulación y los mecanismos fibrinolíticos, harán que se deposite fibrina iniciando la trombosis. Los principales elementos que cabe considerar en la génesis de una trombosis venosa son los siguientes:

Daño de la pared venosa.

El endotelio venoso está constituido por una capa simple de células aplanadas cuyo eje mayor es paralelo al del vaso. Su superficie interna apunta hacia el lumen venoso, y está revestida por glicoproteínas y proteoglicanos formados básicamente por sulfato de heparina que constituye el 80 % del revestimiento, aunque también por pequeñas cantidades de ácido hialurónico, condroitínsulfato y heparina (8, 9).
La existencia de ésta superficie electronegativa representa la mayor barrera a la adhesividad plaquetaria y a la posibilidad de trombosis venosa (10).
Además, se sabe que las células endoteliales son capaces de sintetizar varias substancias que inhiben la formación de trombos, entre ellas la alfa-2-macroglobulina, uno de lo mayores inhibidores de las proteasas y el activador del plasminógeno, que es activador de los sistemas fibrinolíticos, y cuya síntesis y liberación es inhibida por la trombina (11) y la prostaciclina (12) que probablemente es la de mayor importancia por su rol mediador entre plaquetas y pared venosa. La prostaciclina es un poderoso vasodilatador e inhibidor de la agregación plaquetaria, y al parecer es sintetizada y liberada en forma continua hacia la circulación.
Recientemente se ha demostrado la existencia en las células endoteliales de un potente cofactor de la activación, catalizada por trombina, de la proteína C. La proteína C es una proteasa sérica vitamino-K dependiente, que cuando está activada ejerce un poderoso efecto anticoagulante inactivando los factores Va y VIIIa y, en el trombo plaquetario, inactivando el receptor plaquetario del factor Xa (13).
También el endotelio puede sintetizar varios componentes de las membranas basales, como colágeno tipo IV y III, elastina, microfibrillas y fibronectina (14), la última de las cuales, una glicoproteína de PM 400.000, juega un rol importante en la adhesión intercelular.
De lo expuesto, se deduce que la integridad del endotelio es esencial para impedir el depósito de fibrina por la acción de la trombina en condiciones de estasia venosa, que aparece como el principal evento responsable de la trombosis.
Se recurre por lo general a dos teorías para explicar el origen de la trombosis venosa:
- La primera la atribuye a la generación de trombina en las áreas de estasis que lleva a agregación plaquetaria y al depósito de fibrina, si bien no se ha demostrado que el endotelio sano pueda ser dañado sólo por la acción de la trombina (15). El trombo entonces tendría que producirse por acción directa de la trombina sobre las plaquetas y el fibrinógeno, y no por lesión del endotelio atribuible a fibrina.
- La segunda teoría atribuye la trombosis a fenómenos mecánicos de exposición del subendotelio, ya sea debido a una lesión directa del endotelio o a su deprivación metabólica determinada por la estasia venosa (16-18). Este endotelio dañado se vería invadido por leucocitos y plaquetas en virtud de su fagocitosis y función reparativa, desencadenándose una trombosis subsiguiente.

Rol de las plaquetas y de las paredes venosas.

Las plaquetas presentan gran afinidad con el colágeno, al que se adhieren con facilidad. Esta adhesión es potenciada por la presencia del antígeno relacionado con el factor VIII (el mismo que está ausente en la enfermedad de von Willebrand).
La adhesión de las plaquetas las lleva a cambiar su forma y a liberar endoperóxidos, incluyendo el tromboxano A2 que favorece la agregación, adenosin difosfato y serotonina (Figura 1).


Figura 1a y b: a) Plaqueta inactiva mostrando una superficie lisa. x26.000. b) Plaqueta agregada exhibiendo importantes cambios morfológicos. x18.800. (Adaptado de Texas Heart Inst J 1987; 14:17).


























Inicialmente la agregación plaquetaria es de naturaleza blanda, hasta que es estabilizada por fibrina que se forma por la liberación de factor V desde los gránulos plaquetarios, por exposición de las fosfolipoproteínas de superficie (factor plaquetario III) al cambiar las plaquetas de forma, y debido a la activación por las plaquetas expuestas al colágeno y al adenosíndifosfato de los factores XII y XI (19, 20).
Se han postulado varios mecanismos para explicar la activación plaquetaria que ocurre en las trombosis venosas. Así, se ha comprobado "in vivo" que pueden activarlas la exposición al colágeno después de daño endotelial, a la trombina después de activada la coagulación, al adenosin difosfato liberado por los eritrocitos, y a ciertas substancias liberadas por las mismas plaquetas como prostaglandina, endoperóxidos y tromboxano A2.
En la generación de trombina aparecen involucrados varios mecanismos tanto de la vía extrínseca como intrínseca de la coagulación. Al estudiar poblaciones con alto riesgo predisponente de trombosis como son algunos fracturados, mujeres en período post parto, portadores de neoplasias o trombosis agudas, se ha encontrado consistentemente en ellos un aumento del nivel de uno o mas factores de coagulación comunes a esta condición, especialmente fibrinógeno, factores V, VII y VIII (21, 22).
Muchos antecedentes sugieren que el factor VIII, cuyo antígeno relacionado está presente en las células endoteliales, puede ser importante en la génesis de la trombosis (23). Como se necesita la presencia de éste antígeno para que las plaquetas se adhieran al subendotelio, los niveles elevados de éste pudieran desempeñar un rol importante en las trombosis. Sin embargo, los niveles elevados de ciertos factores de coagulación no explican todas las trombosis, y así se piensa que en ocasiones estos pudieran actuar activando algunos factores normalmente inertes de la coagulación. Tampoco está claro el rol de la estasia en términos de activación de la coagulación "per se", ya que ella no ocurre en los pacientes de alto riesgo cuando se usan anticoagulantes orales o profilaxis con heparina (24).
Se encuentra bien establecida la relación entre trombosis venosa profunda y déficit de inhibidores naturales de la coagulación. Estos incluyen la antitrombina III, la alfa-2-macroglobulina, la alfa-2-antitripsina, el activador C1 y el cofactor de la proteína C.
La antitrombina III es el inhibidor fisiológico más importante de la trombina y otras proteasas séricas de la coagulación, como los factores Xa, XIa y XIIa y la kalikreina (25). Niveles de antitrombina III reducidos por causa congénita se asocian con episodios recurrentes de trombosis venosa incluso en la infancia, y cuando se deben a causas adquiridas como hepatopatías, postoperatorios o uso de gestágenos, se asocian con trombosis venosas. Un 30 % de la actividad progresiva de la antitrombina plasmática se debe a la alfa-2-macroglobulina, la que por si misma no tiene un papel importante en la inhibición de la trombina.
El otro mecanismo importante, inhibitorio de la coagulación, es el de la proteína C. Activada por la trombina, especialmente en presencia de un cofactor unido a las células (26), desempeña el papel de un anticoagulante prolongando el tiempo de coagulación. Es capaz de inactivar los factores V y VIII en presencia de calcio y fosfolípidos, y de inactivar parcialmente el factor Va unido a las plaquetas. Además, incrementa la actividad fibrinolítica del plasma. Por las razones señaladas, la presencia de proteína C sirve como regulador fisiológico de los cofactores de la coagulación y su déficit se asocia con enfermedad trombótica.
La proteína S es otra proteína antitrombótica plasmática, que sirve como cofactor para la proteína C activada (27). Su déficit, se ha demostrado recientemente que predispone a trombosis venosas recurrentes cuando su nivel se encuentra reducido en más del 50 %.

Rol de la actividad fibrinolítica del organismo.

Esta, que es una actividad natural y espontánea de los organismos vivientes puede jugar también un papel importante en relación con la cantidad de fibrina que puede depositarse e iniciar un trombo. Se sabe que la actividad fibrinolítica de las venas de los miembros inferiores en condiciones de estasia es menor que la del miembro superior (28, 29), lo que podría explicar el predominio de las trombosis en los primeros.
La actividad fibrinolítica de la sangre depende de los activadores del plasminógeno, siempre presentes, y producidos por el endotelio de los vasos pequeños.
En quienes presentan recurrencias trombóticas venosas, se ha encontrado una reducción de los activadores de la fibrinolisis o una reducción de la liberación de estos, que parece importante como responsable de las recurrencias (30). Además, se sabe que la mayoría de los procedimientos quirúrgicos van seguidos de un período de reducción de la actividad fibrinolítica que se puede extender hasta por 10 días (31), lo que pudiera explicar el mayor riesgo trombótico durante ese período.

Rol de la estasia sanguínea.

El flujo lento en las venas profundas de las extremidades inferiores parece tener un papel innegable en la génesis de algunas trombosis venosas. Se ha medido en especial el retorno venoso del miembro inferior durante algunos procedimientos quirúrgicos realizados con anestesia general, comprobándose mediante termodilución o depuración de fibrinógeno marcado con I125 que el flujo en la vena ilíaca se reduce en un 55 % desde la inducción anestésica, mientras que la depuración de radioisótopo desde las venas gemelares se retarda al doble de lo normal durante la anestesia (32).

HISTORIA NATURAL DE LA TROMBOSIS VENOSA

Cualquiera sean los mecanismos responsables de su producción, e independientemente de la forma en la cual se encadenan los diversos fenómenos patogénicos que la caracterizan, una vez establecida una trombosis venosa ésta puede ser casi asintomática, o producir síntomas derivados de la presencia, de una o mas, entre tres situaciones diferentes:

- Síntomas derivados de la oclusión que repercute sobre el retorno venoso.
- Síntomas dependientes de la inflamación de la vena o de los tejidos vecinos.
- Síntomas relacionados con la embolización del trombo hacia el pulmón.

Desde el momento mismo en que se inicia el trombo, se establece un balance entre su tendencia a crecer, incorporando mas plaquetas y eritrocitos y que predominará mientras persistan los factores predisponentes y precipitantes de la trombosis, y la acción trombolítica del organismo y la digestión de la fibrina por los leucocitos, que tienden a reducirlo mediante la reabsorción de sus componentes.
El trombo ya establecido sólo podrá ser removido a través de tres mecanismos, como son la fibrinolisis, la organización del trombo que conduce lentamente a su recanalización o la embolización de este hacia el pulmón.
La fibrinolisis espontánea rara vez logra disolver los trombos grandes en forma completa e incluso, cuando se trata a los pacientes con anticoagulante, la lisis completa ocurre en menos del 20 % de los casos, a diferencia de la lisis total que se suele obtener cuando el trombo es de pequeño tamaño.
Las tres complicaciones más importantes que puede presentar una trombosis venosa son la embolia pulmonar, el síndrome post flebítico y la trombosis venosa recurrente. Las tres serán analizadas en forma detallada en otros capítulos, por lo que no insistiremos en ellas. Baste recordar respecto a estas últimas que quienes se someten a algún procedimiento quirúrgico, y han tenido una trombosis venosa previa, presentan un riesgo 4 veces mayor de presentar una trombosis venosa (33).

Embolia pulmonar.

Se estima que se puede producir alguna embolia en cerca del 50 % de las trombosis venosas bien documentadas (34), aunque la mayoría de ellas son pequeñas y con escasa o nula repercusión clínica, hecho que las hace pasar inadvertidas (Figuras 2, 3, 4 y 5).


Figura 2. Radiografía de tórax en un caso de embolia pulmonar recidivante pese a tratamiento anticoagulante adecuado. Placa previa a un procedimiento de interrupción mecánica de la vena cava inferior mediante clip externo de Adams De Weese.









Figura 3. Cintigrama pulmonar de ventilación realizado al paciente anterior.











Figura 4. Cintigrama pulmonar de perfusión del paciente anterior. Demuestra la presencia de múltiples defectos sugerentes de embolización recurrente.









Figura 5. Angiografía pulmonar del mismo paciente. Demuestra la presencia de segmentos pulmonares no perfundidos y la amputación distal de algunas ramas de la arteria pulmonar.














Cuando ocurre una embolización pulmonar migra sólo una parte del trombo y ello explica que, cuando luego de ocurrida se realiza una flebografía de la extremidad, suelen aparecer en ella los residuos del trombo.
Como se sabe que la embolia puede conducir a la muerte en el 70-90 % de los casos dentro de la primera hora de ocurrida (35), la mejor manera de impedir su ocurrencia y evitar su potencial devastador efecto es realizando una adecuada profilaxis de ella.

Síndrome post flebítico o post trombótico.

Esta frecuente complicación alejada de las trombosis venosas profundas de la extremidad inferior se debe al daño del aparato valvular de las venas profundas y perforantes, como consecuencia de su exposición al fenómeno inflamatorio que representa la presencia de un trombo en su interior, incluso después de haberse recanalizado.
La incidencia real del síndrome se desconoce, aunque clínicamente se sabe que suele instalarse lentamente, comenzando a manifestarse incluso después de 2 y hasta transcurridos 15 años del accidente trombótico (36). Sus manifestaciones son por lo general mas graves cuando la trombosis comprometió el sector iliofemoral, y menores cuando ella quedó limitada a segmentos venosos más distales.
Un hecho que resulta frustrante respecto a su aparición es el reciente reconocimiento que ni un adecuado tratamiento anticoagulante de la trombosis aguda extensa, ni siquiera el uso de trombolíticos han sido capaces de reducir la incidencia de su aparición alejada, como lo comprueba fehacientemente la evaluación alejada de la función venosa en grupos bien controlados de pacientes (37, 38).
La localización que más claramente demuestra una relación entre la trombosis venosa profunda y el síndrome post trombótico es la vena poplítea, como lo demuestra un estudio reciente, en el que existe una alta incidencia de ambos fenómenos a 3 años plazo (40)

INCIDENCIA

En líneas generales, la incidencia de trombosis venosa profunda varía entre el 0,25 y el 2 % de la población general, tomando en cuenta los casos diagnosticados. Esta incidencia aumenta considerablemente en pacientes hospitalizados y en reposo en cama. Luego de las pruebas con fibrinógeno marcado, presentan trombosis venosa profunda entre el 27 y el 35 % de los pacientes, cifra que es considerable y justifica ampliamente la prevención con anticoagulantes en todos aquellos pacientes con reposo prolongado (40).
En un estudio prospectivo de incidencia de trombosis venosa profunda en una población urbana definida (41) en la ciudad de Malmö en Suecia, se encontró una incidencia de 1,6 por 1.000 habitantes en un año, siendo ésta igual para ambos sexos. La edad media para los hombres fue de 66 años y para las mujeres de 72 años. En el momento del diagnóstico, el 19 % tenía una neoplasia conocida y el 5 % desarrolló una neoplasia en el plazo de 1 año. Entre los hombres, el 29 % fue de origen postoperatorio o post traumático (fracturas), contra el 46 % entre las mujeres. El 31 % de los pacientes era de grupo sanguíneo 0. Se sospechó embolia pulmonar en el 5 % de los casos y se comprobó en el 2 % de ellos. Ningún paciente con embolia pulmonar fallece, pero de los 6 pacientes que fallecen y en quienes se encontró una embolia pulmonar en la necropsia, 4 fallecen 4 semanas después de habérseles diagnosticado una trombosis venosa profunda.
Por otra parte, en otro estudio efectuado en 16 hospitales pequeños de Massachusetts (42), se encontró una incidencia de 0,8 % de casos de tromboembolismos diagnosticados clínicamente en un período de 18 meses. Un 2 % de los casos tuvo una recurrencia de la enfermedad.
La otra manera de estudiar el problema es estudiando la incidencia de embolia pulmonar fatal. Matas en 1932, analiza un millón de casos quirúrgicos de muchas clínicas, y encuentra una incidencia de muerte por embolia pulmonar de 0,25% (1en cada 400 casos) (43).
Los estudios posteriores sitúan la incidencia entre 0,1 y 0,2 %, (1 en cada 500 a 1 en cada 1000 casos). A pesar de una mayor acuciosidad en el diagnóstico, no ha aumentado la incidencia. La incidencia de embolia pulmonar no mortal en pacientes quirúrgicos es 5 a 10 veces mayor que la mortal. La embolia pulmonar es considerada como la causa de muerte entre el 4 y el 5 % de todas las necropsias de un hospital general (44).
En varias series hospitalarias se ha calculado que alrededor del 10 % de los enfermos con trombosis venosas profundas sufren embolias pulmonares (45). La mayoría de los estudios indican que entre el 90 y el 95 % de los émbolos pulmonares proceden de una trombosis de venas que drenan en la porción infrarrenal de la vena cava inferior, y cerca del 65 % tienen su origen en venas distales al ligamento inguinal.

SITIOS DE OCURRENCIA DE LA TROMBOSIS

La gran mayoría de la trombosis venosas que pueden originar una embolia pulmonar se producen en las venas profundas de las piernas, pero la iniciación del proceso puede ocurrir en cualquier vena, desde el plexo venoso del sóleo hasta la bifurcación de la cava. Trombosis venosas periféricas también pueden ocurrir en la vena axilar, pero prácticamente nunca dan origen a un émbolo.
En necropsias se ha encontrado una alta incidencia de trombosis venosa en los senos venosos de la pantorrilla, 35 casos en 130 necropsias no seleccionadas, de los cuales 20 fueron causa de embolias pulmonares (46). La trombosis venosa profunda también se puede iniciar en relación con las válvulas venosas de las venas femorales, tibiales posteriores y peroneas. También pueden ocurrir en la vena ilíaca o parte baja de la cava en el 19 % de los casos (46). Por último, por prolongación de una trombosis venosa superficial de venas varicosas en el 10 % de los casos.
En un estudio multicéntrico efectuado en Alemania (47), en orden decreciente los sitios de trombosis fueron: vena femoral, venas de la pantorrilla, vena ilíaca, vena poplítea y vena subclavia. La trombosis en el lado izquierdo predomina en los grupos venosos ilíaco y subclavio.

FACTORES PREDISPONENTES

La insuficiencia venosa crónica es la etiología más importante. Ella se encuentra presente en una trombosis venosa profunda en relación a las siguientes circunstancias:
- Viajes.
- Inmovilizaciones prolongadas luego de cirugía (incidencia de trombosis venosa profunda del 0,15 al 1
%).
- En el transcurso de un embarazo o después del parto (incidencia del 0,3 al 1 %).
La presencia de una trombosis venosa recidivante obliga a la búsqueda de otras enfermedades que enunciaremos:
a) Los síndromes paraneoplásicos, donde destacamos el cáncer del pulmón, del páncreas y del
ovario.
b) Las enfermedades hematológicas, entre las más importantes las poliglobulias, los
síndromes mieloproliferativos y las leucemias.
c) Las anemias hipocromas causantes de hiperplaquetosis, destacando entre ellas las de causa digestiva.
d) Ciertas enfermedades vasculares inflamatorias, como la enfermedad de Behcet revelada por una trombosis en el 40 % de los casos, o la enfermedad de Leo Buerger revelada por una
trombosis en el 50 % de los casos.
e) De causa infecciosa con modificaciones de la fórmula sanguínea y de la agregación plaquetaria: En las venas pélvicas en relación a aborto séptico u operaciones en condiciones de infección pélvica; en el seno lateral luego de una mastoiditis; en el seno cavernoso por fracturas de la fosa media o luego de un furúnculo facial; en las extremidades por una infusión intravenosa séptica; constituyendo la flebitis portal secundaria a una operación de hemorroides.
f) En mujeres el uso de anticonceptivos orales, que está relacionado con niveles bajos de
antitrombina III (48).
Existe un grupo importante de trombosis venosa profunda sin causa conocida:
- Algunas sobrevienen en un contexto familiar conocido.
- Otras, corresponden a un episodio aislado: hombre de 30 a 35 años, curación sin secuelas.
- Una forma particular es la trombosis venosa de Mondor, de evolución generalmente favorable, en relación a un síndrome de compresión del opérculo torácico (Figura 6).
Todas estas formas y los casos idiopáticos requieren la búsqueda de un déficit de antitrombina III, especialmente las formas familiares.


Figura 6 a y b: a) Flebografía ascendente de la extremidad superior derecha en un caso de síndrome del opérculo torácico grave con trombosis venosa de la extremidad. b) Imágenes del sector antebraquial, donde también se advierte la presencia de trombos.




























Existe un grupo de trombosis venosas profundas dependientes de una causa local, que puede ser:
1.- Un trauma que afecte una vena, ya sea accidental, quirúrgico, injuria o ligadura.
2.- Inyección de un irritante químico con daño de la íntima, como es el caso de los esclerosantes venosos.
3.- Obstrucción de una vena principal por compresión externa, generalmente un tumor.
En un estudio previamente citado (47), en orden decreciente de frecuencia, la condición clínica provocadora de la trombosis fue: inmovilidad, cirugía reciente, cáncer, tratamiento hormonal, traumatismo reciente y embarazo.

CUADRO CLÍNICO

La gran dificultad en el diagnóstico de la trombosis venosa es en sus etapas tempranas, en la que puede no haber signos clínicamente detectables. Pequeñas trombosis en las venas de la pantorrilla y pequeñas embolias pulmonares pueden pasar desapercibidas.
Lo anterior es en parte debido a una obstrucción incompleta de la vena, como también a la presencia de anomalías venosas como duplicación, triplicación y fenestración de las venas femoral superficial y poplítea (49). Los estudios con fibrinógeno marcado con I125 han detectado hasta un 30 % de trombosis menores en las pantorrillas (44).
Una trombosis venosa profunda puede manifestarse clínicamente como una embolia pulmonar fatal o no fatal, como a través de síntomas o signos generales, como es la presencia de fiebre baja en el postoperatorio, o la aparición de signos locales de trombosis.
- Las formas dudosas de trombosis venosa profunda son numerosas y se considera que las variantes mas altas son por lo general de fácil diagnóstico. Esto es cierto con los exámenes complementarios, pero a nivel de la clínica los signos periféricos muchas veces están ausentes y frecuentemente, el único síntoma objetivo es el aumento de volumen del miembro afectado.
- La flegmasia alba dolens (trombosis venosa profunda iliofemoral masiva) presenta típicamente un cierto número de signos:
- Presencia de dolor espontáneo y dolor a la palpación profunda.
- El signo de Homans (dolor a la dorsiflexión del pie).
- Un edema blanco, brillante, sin signo de godet.
- Un aumento de la temperatura cutánea.
- Aumento de la circulación venosa superficial.
- Presencia de taquicardia.
Estos signos son inconstantes y raramente están todos presentes. El edema es el signo más frecuentemente encontrado (dos tercios de los casos).
- Se ha propuesto el término de trombosis venosa isquémica para referirse a las graves alteraciones circulatorias que van desde la anoxia grave a la gangrena, secundarias a trombosis venosa sin obstrucción arterial (50).
La trombosis venosa isquémica constaría de dos estadios clínicos, la flegmasia cerulea dolens, fase reversible y la gangrena venosa, fase irreversible que origina una pérdida variable de tejidos. La estasia venosa aguda es responsable del aumento exagerado de la presión tisular, la cual excede la presión capilar y pronto la arterial distal. Lo anterior, se manifiesta a través de una asociación de signos venosos y arteriales agudos.
- La flegmasia cerulea dolens siempre viene precedida de una flegmasia alba dolens, y presenta en forma característica la tríada de dolor, cianosis y edema. El dolor es constante e intenso, la cianosis es un signo patognomónico y el edema es de consistencia elástica o leñosa. En la mayoría de los casos, existe un cierto grado de shock hipovolémico o colapso circulatorio. La embolia pulmonar es una de las complicaciones frecuentes, y aparece en el 14,9 % de los casos no fatales y en el 3,4 % de los fatales.
- La gangrena venosa suele aparecer a los 4 u 8 días del comienzo de los signos isquémicos. La mayoría de los pacientes que desarrollan gangrena venosa tienen lesiones limitadas en los dedos o el pie. La incidencia de embolia pulmonar es más alta, y va desde un 19 % en los casos no fatales a un 22,1 % en los fatales (Figura 7).


Figura 7. Flegmasia cerulea dolens complicada por una gangrena venosa que compromete la porción distal del pie. Imagen obtenida inmediatamente antes de la amputación del antepié.





- La trombosis venosa superficial se reconoce por la presencia de un cordón venoso superficial duro, doloroso, caliente y enrojecido. Generalmente no compromete ninguna vena profunda, pero si el proceso se extiende hasta la ingle puede haber un compromiso de la vena femoral. La permeabilidad de la vena femoral se puede demostrar en estos casos con detector Doppler de velocidad de flujo. Debe señalarse que hasta un 10 % de las trombosis venosas profundas provienen de la propagación de una trombosis venosa superficial originada en una vena varicosa (44) (Figura 8).


Figura 8. Trombosis venosa superficial. Aspecto de una vena safena externa que ha sido extraída luego de presentar un proceso de trombosis. Las flechas muestran, en dos segmentos
de ella, la presencia de trombos frescos en su interior.








DIAGNÓSTICO

La flebografía continúa siendo el estudio diagnóstico definitivo de la enfermedad venosa profunda, pero es un examen invasivo que produce molestias y en ocasiones una reacción alérgica grave o flebitis. El 50 % de los pacientes en los que clínicamente se sospecha una trombosis venosa profunda tienen una flebografía normal; por tanto, los estudios venosos incruentos ayudan a seleccionar adecuadamente los pacientes candidatos a flebografía (51).
Los principales estudios venosos incruentos son el ultrasonido Doppler, las técnicas pletismográficas, la ultrasonografía modo B, la ultrasonografía Doppler color, la exploración con fibrinógeno marcado con I125 y la flebografía radioisotópica.

Ultrasonido Doppler.
La sonda Doppler de ultrasonido permite examinar la circulación de la sangre en las venas femorales comunes, femorales superficiales, poplíteas y tibiales posterior de la extremidad inferior. No se puede estudiar la vena femoral profunda y el plexo venoso del sóleo de la pierna, donde a menudo comienzan las trombosis. El examen puede realizarse en la cama del paciente, con un equipo portátil de mayor o menor complejidad.
El diagnóstico se caracteriza por la ausencia de flujo venoso espontáneo, la presencia de flujo venoso continuo sin carácter fásico con la respiración y la disminución o ausencia de aumento del flujo a la compresión venosa.
La exactitud de la prueba depende de la experiencia del explorador, pero la técnica es sencilla y puede ser aprendida en un corto período de tiempo. Con un poco de práctica la correcta interpretación para la trombosis iliofemoral llega a una precisión del 80 al 90 %; sin embargo, para la trombosis venosa de la pantorrilla sólo alcanza una precisión promedio del 73 %.

Pletismografía venosa.
La precisión diagnóstica de la pletismografía venosa es semejante a la del Doppler. El equipo, aunque más voluminoso puede emplearse a la cabecera del enfermo, y permite obtener un registro para la ficha del paciente. Pueden utilizarse varios tipos de pletismografía: de impedancia, de calibración, mediante estiramiento (strain-gauge), y por desplazamiento de volumen.
El diagnóstico de trombosis venosa profunda utilizando la pletismografía se basa en la disminución de la capacitancia venosa con un manguito de compresión en el muslo, y en la disminución en la tasa de flujo venoso observada dentro de los tres segundos de desinflado el manguito.
Disponiendo en un sistema de coordenadas, la capacitancia venosa y el flujo venoso máximo pueden predecir con una exactitud de 90 a 100 % si las venas profundad están normales o están obstruidas. Algunas limitaciones del método se presentan al estudiar pacientes con insuficiencia cardiaca congestiva, o los que se encuentran en ventilación mecánica. El método ha demostrado una alta exactitud para estudiar pacientes ambulatorios (52).
La exploración combinada con ambas técnicas ofrece una sensibilidad aproximada de 93 % y especificidad de un 96% para la obstrucción venosa por encima de la rodilla

Ultrasonografía modo B.
El reciente desarrollo de la ultrasonografía modo B de tiempo real y alta resolución, ha agregado una nueva técnica para el diagnóstico de trombosis venosa aguda o crónica en las extremidades inferiores. La técnica podría reemplazar incluso a la flebografía como prueba anatómica debido a su carácter no invasivo.
El examen ultrasónico incluye cortes transversales y longitudinales de la vena ilíaca, femoral y poplítea. No permita el estudio de las venas de la pantorrilla, impidiendo diagnosticar al menos un 20 % de las trombosis confinadas a estas venas (53).
Los criterios para hacer el diagnóstico de trombosis son la presencia de trombos eco refringentes intraluminales, y la pérdida de la compresibilidad total de la vena al transductor. El examen puede llegar a tener una especificidad del 99 % y una sensibilidad del 100 % en trombosis femoral y poplítea. En cambio, la sensibilidad para el diagnóstico de trombosis aislada por debajo de la rodilla llega sólo al 36 %.
- El uso de ultrasonido Doppler color no ha demostrado ser más efectivo que la ultrasonografía modo B (54).

- Gammagrafía de la pierna con fibrinógeno marcado con I125.
Se inyecta por vía intravenosa fibrinógeno humano marcado con I125. Este se incorpora a los trombos en formación activa. La radioactividad localizada en tales puntos puede detectarse mediante un contador de centelleo externo. El examen descubre el 85 al 90 % de los trombos comprobados mediante flebografía en las venas de la pantorrilla, poplíteas o distales del muslo. La técnica se ha usado para la exploración selectiva prospectiva de los pacientes con riesgo alto, como son los sometidos a cirugía mayor, o los afectados por procesos médicos subyacentes de importancia.

Flebografía isotópica.
La flebografía con radioisótopos consiste en obtener la visualización del isótopo durante su paso a través de las venas principales después de una inyección intravenosa realizada en la parte distal de la extremidad.
La técnica es en esencia un barrido venoso dinámico, y puede practicarse al mismo tiempo que una cintigrafía pulmonar de perfusión. La sensibilidad de la flebografía con radioisótopos bordea el 95 %, tomando como referencia a la flebografía de contraste (Figura 9, 10, 11 y 12). La técnica carece de
sensibilidad a los trombos no oclusivos y a los trombos aislados de las venas de la pantorrilla (50).


Figura 9. Cintigrafía venosa demostrando la presencia de una trombosis venosa profunda iliofemoral izquierda.











Figura 10. Cintigrama venoso en una trombosis venosa iliofemoral izquierda que se presenta durante el postoperatorio de una intervención por artrosis de la rodilla izquierda.











Figura 11. Flebografía isotópica demostrando la presencia de una trombosis venosa profunda de la extremidad inferior derecha luego de una ligadura accidental de la vena ilíaca.









Figura 12. Flebografía isotópica en una trombosis venosa profunda de la pierna derecha.

















Flebografía.
La flebografía de contraste continúa siendo el estudio diagnóstico definitivo de la enfermedad venosa profunda. Esta, realizada por un clínico experto, proporciona una documentación anatómica clara tanto de la presencia como de la extensión de la trombosis.
La flebografía más utilizada es la ascendente, con un torniquete alrededor del tobillo para desviar el medio de contraste a las venas profundas al inyectar el medio de contraste en una vena superficial del dorso del pie. Es necesario estudiar todos los segmentos de la extremidad inferior y llegar hasta el nivel de la vena cava inferior (Figura 13, 14, 15 y 16).
El examen debe demostrar los defectos de llenado o la oclusión completa de las venas. Los hallazgos deben aparecer en al menos dos proyecciones. La presencia de circulación colateral confirma la trombosis cuando es oclusiva.


Figura 13. Flebografía convencional radiológica en una trombosis venosa profunda de la pierna mostrando la presencia de trombos que interumpen en forma segmentaria la continuidad de las venas.

















Figura 14. Flebografía radiológica convencional ascendente en una trombosis venosa profunda que compromete diversas venas del sector de la pantorrilla.

















Figura 15. Flebografía ascendente radiológica en un caso de oclusión por trombosis de la vena ilíaca izquierda.















Figura 16 a y b: a) Cavografía de una vena cava inferior normal, realizada en forma ascendente. b) Cavografía inferior en un caso de trombosis de la cava en una enfermedad neoplásica generalizada. Se advierten las múltiples oclusiones segmentarias que dejan pequeños canales de flujo residual, y la dilatación de algunas venas colaterales.
































La flebografía continúa siendo el "gold estándar" de la trombosis venosa profunda. Las pruebas no invasivas seleccionan los pacientes candidatos a la flebografía, evitando los exámenes innecesarios. La flebografía es un examen caro, invasivo e implica riesgos, incluyendo la alergia a los medios de contraste, la insuficiencia renal y la propia trombosis profunda (50).

PREVENCIÓN DE LA TROMBOSIS VENOSA PROFUNDA

Diversas medidas profilácticas pueden reducir la incidencia de trombosis venosa profunda, en especial en los enfermos postrados en cama. Al revisar el tema, es bueno recordar la tríada etiológica de Virchow de la trombosis venosa: estasis, hipercoagulabilidad y lesión venosa.
La estasia venosa puede prevenirse con la elevación de la cama 15 a 20 grados, mejorando el vaciamiento de las venas de la pierna. El soporte elástico favorece el vaciamiento de las venas tibiales, así como la compresión neumática intermitente de la pierna reduce la trombosis venosa profunda postoperatoria (Figura 17).


Figura 17. Esquema de la aplicación de un sistema de manguitos de compresión intermitente de las extremidades inferiores para prevenir la aparición de trombosis venosa profunda.


Uno de los métodos más sencillos y eficaces de prevención son los ejercicios de las pierna realizando flexión plantar durante 5 minutos cada hora del día.
Por otra parte, la trombosis venosa profunda es más probable que ocurra en los enfermos con alguna anormalidad de la coagulación. La antitrombina III disminuye en las mujeres que ingieren anticonceptivos orales, también con los traumatismos de los tejidos blandos y en las heridas operatorias. El aumento de la adhesividad plaquetaria predispone a la trombosis venosa profunda. Se reconoce como enfermos de riesgo elevado a quiénes han presentado:
1) Trombosis venosa previa.
2) Traumatismo de la extremidad inferior.
3) Operaciones pélvicas importantes.
4) Reposo en cama prolongado o inmovilidad extrema.
5) Infarto agudo del miocardio.
6) Insuficiencia cardiaca congestiva.
7) Neoplasias.
8) Uso de anticonceptivos orales.
La anticoagulación profiláctica ofrece a estos enfermos una protección significativa contra el tromboembolismo venoso.
Es necesario respetar las contraindicaciones, para evitar las complicaciones hemorrágicas en estos pacientes. Ellas comprenden la úlcera péptica activa, el traumatismo intracraneal o visceral, una diátesis hemorrágica, hemorragia gastrointestinal, hipertensión grave y hemoptisis o hematuria macroscópica.
La heparina a dosis bajas ha merecido amplia atención en la prevención del embolismo pulmonar postoperatorio mortal (51).
El esquema habitual de dosificación ha consistido en una dosis de ataque de 5.000 U por vía subcutánea dos horas antes de la operación, seguida de 5.000 U cada 8 o 12 horas por la misma vía hasta que el paciente pase a ser ambulatorio por completo.
La heparina a dosis baja estimula la actividad de la antitrombina III sin causar modificaciones de las pruebas de coagulación, o con modificaciones mínimas de ellas. Sin embargo, las complicaciones hemorrágicas y de la herida pueden ser más frecuentes en estos pacientes.
La heparina de bajo peso molecular, de reciente aparición, es una nueva opción. Esta presenta una mayor actividad antitrombótica y una menor actividad anticoagulante otorgadas por su mayor actividad anti factor Xa y menor actividad anti factor IIa. Además, respeta la función y numeración plaquetaria y posee una vida media circulatoria más larga que las heparinas estándar.
Una de estas heparinas es la enoxaparina, la cual se administra por vía subcutánea en una dosis diaria de 20 o 40 mg, dependiendo del riesgo de trombosis venosa profunda, por un período de 7 a 10 días, comenzando entre 2 y 12 horas antes de la intervención. Este tipo de profilaxis aparece como muy prometedor, como lo avala la literatura (55).
El dextrano de bajo peso molecular parece que altera la función del factor VIII, perturbando así la adhesividad plaquetaria y la estabilidad del trombo (51). Una forma de usarlo es en solución al 10 %, comienza con un bolo intravenoso de 100 ml en el pabellón y continuando a un ritmo de 20 ml por hora, hasta que el paciente se hace ambulatorio.
La aspirina inhibe la función de las pIaquetas y sólo se ha demostrado eficaz en la profilaxis del tromboembolismo en los varones con sustitución total de cadera. Aún es necesario establecer su papel en el tratamiento profiláctico de los restantes enfermos.
En el transcurso de las operaciones es necesario prestar atención a la disección y manipulación de las venas. Deben evitarse las ligaduras de las grandes venas, las que deben repararse en forma adecuada, y debe procurarse no comprimir la cava u otras grandes venas en forma prolongada.

TRATAMIENTO

La trombosis venosa superficial puede ser el origen de una trombosis venosa profunda en el 10 % de los casos; de allí el interés de preocuparnos de su tratamiento. Este dependerá de la extensión de la trombosis y del estado general del enfermo.
El tratamiento mas frecuente es el médico, que consiste en el uso de algún tipo de soporte elástico y el uso de antiinflamatorios por vía oral como indometacina u otros. El paciente debe mantener una actividad normal. La resolución del cuadro puede demorar entre 7 y 14 días. Luego se propondrá la cirugía en forma precoz en aquellos casos en que esta constituya la medida definitiva para impedir una nueva trombosis. Algunos grupos preconizan el tratamiento quirúrgico de urgencia en las 48 horas que siguen al comienzo del cuadro (44); con ello, se resuelve en forma definitiva el problema y se logra una mejoría más temprana. Cuando existe una propagación del trombo hacia la desembocadura de la safena es necesario realizar una ligadura de ella, para evitar la propagación de dicho trombo desde la safena interna hacia la vena femoral.
El tratamiento con heparina sistémica está indicado cuando se sospecha fundadamente una trombosis venosa profunda de punto de partida superficial.
La trombosis venosa profunda requiere un tratamiento anticoagulante convencional que se prolongará por un período de hasta 6 meses.
El régimen de tratamiento más aceptado es el uso de heparina endovenosa y luego anticoagulantes orales (47). Se inicia el tratamiento con un bolo endovenoso de 5.000 a 10.000 U, seguido de una infusión continua de 1.000 a 1.500 U/hora.
La infusión continua de heparina se ha asociado a menos complicaciones hemorrágicas que el tratamiento intravenoso intermitente. Para la primera, debe idealmente utilizarse una bomba de infusión. Mediante la prueba del tiempo de tromboplastina parcial activada se vigila el tratamiento con heparina. Se considera adecuado cuando la prueba es el doble del valor inicial. Debe controlarse el recuento de plaquetas frecuentemente, ya que la heparina puede provocar trombocitopenia, trombosis intravascular o hemorragia. Las trombocitopenias tardías son graves, complicadas frecuentemente con accidentes trombóticos.
La primera variante respecto al tratamiento convencional en el tratamiento de la trombosis venosa profunda es el uso de heparina cálcica subcutánea cada 8 horas, con la que es posible alcanzar dentro de las 24 horas niveles terapéuticos, y ha demostrado efectos comparables al tratamiento endovenoso (56). Por otra parte, se ha demostrado fehacientemente que el tratamiento inicial con heparina es más efectivo que con anticoagulantes orales; en estos últimos, existe un mayor número de eventos sintomáticos y la presencia frecuente de extensión asintomática de la trombosis (57).
Los anticoagulantes orales se inician durante el tratamiento con heparina, y se continúan durante un período de 3 a 6 meses. Si el período es más corto, se ha demostrado claramente un mayor número de episodios embólicos pulmonares (58). Los anticoagulantes (Neosintrom o acenocumarol) inhiben la coagulación sanguínea por la interferencia con la síntesis hepática de los factores de coagulación dependientes de la vitamina K (II, VII, IX, X). La anticoagulación adecuada con fármacos orales requiere de varios días de tratamiento y se requiere alcanzar un tiempo de protrombina de 2 a 2,5 veces el tiempo control para ser terapéutico, lo que equivale a un INR (International Normalized Ratio) de 2,5 a 3,5.
El tratamiento con heparina se debe comenzar tan pronto hecho el diagnóstico, ajustando la dosis hasta que el tiempo parcial de tromboplastina se ubique entre los márgenes terapéuticos durante 24 a 48 horas. Cuando la heparinoterapia es estable, se inicia el tratamiento con los derivados cumarínicos, asociándose ambos tratamientos hasta que el tiempo de protrombina se estabilice dentro de la gama terapéutica durante 3 días por lo menos. Esta orientación motiva el empleo de heparina durante 7 a 10 días antes de suspenderla y continuar sólo con la terapia oral.
El otro punto a considerar es el uso de las heparinas de bajo peso molecular en vez de la heparina estandar. Las primeras, en dos dosis diarias de 100 UI, son al menos tan eficaces y tan seguras como la heparina no fracccionada. La vigilancia de las plaquetas permanece igualmente necesaria con ellas.
Las propiedades farmacocinéticas de las heparinas de bajo peso molecular permiten limitar la supervisión biológica a 1 o 2 controles de la actividad anti Xa (54). La enoxaparina demostró estas propiedades, y además resulta más confortable para el paciente y menos consumidora de tiempo para enfermeras y tecnólogas. Las heparinas de bajo peso molecular significan un real progreso en el tratamiento de las trombosis venosas profundas (59).
Las otras medidas que deben adoptarse frente a una trombosis venosa profunda de las extremidades inferiores son el reposo en cama, la elevación de las piernas y los analgésicos. El reposo permite que el trombo se organice y se adhiera a la pared vascular, proceso que requiere entre 24 y 72 horas.
Cuando el paciente comienza a deambular se indica un soporte elástico por debajo de la rodilla, con una compresión media de 30-40 mmHg para reducir el dolor y el edema que persisten durante varios días o semanas, dependiendo de la extensión proximal que alcanzó la trombosis. Muchas veces, esta última medida deberá ser mantenida de por vida.
Frente a estos tratamientos tradicionales han aparecido recientemente algunos nuevos tratamientos, los cuales pueden ser aplicables en pacientes más seleccionados. A continuación, haremos una revisión resumida de ellos:

a) Tratamiento trombolítico.
La aparición de los trombolíticos ha significado su utilización en diferentes enfermedades vasculares y cardiovasculares que tienen en común la existencia de un trombo como causa etiopatogénica. Los trombolíticos son sustancias capaces de lisar la fibrina, cemento fisiológico de las plaquetas del trombo.
Existen dos productos fibrinolíticos principales, la estreptoquinasa que es obtenida a partir de cultivos de estreptococos beta hemolíticos y la uroquinasa, extraída de la orina humana o de cultivos de células de embrión de riñón. El objetivo buscado con la utilización de estos productos es por una parte la desobstrucción por lisis del trombo y por la otra, la preservación de la integridad anatómica del vaso afectado.
La estreptoquinasa y la uroquinasa estimulan la disolución del trombo al promover la conversión del plasminógeno en plasmina, una enzima que desdobla la fibrina. La duración del tratamiento varía entre 12 y 72 horas. El tratamiento debe ser usado por médicos familiarizados por completo con sus dosis y contraindicaciones, en un ambiente donde el tratamiento pueda monitorizarse de forma continua.
Las contraindicaciones al tratamiento fibrinolítico son: cirugía reciente (menor de 1 mes), traumas mayores recientes, sangrado activo o reciente, enfermedad cerebral, embarazo y diátesis hemorrágicas. No son candidatos a el los pacientes con trombosis venosa contra lateral reciente y aquellos con trombosis venosa con mas de 7 días de evolución.
En éste contexto, sólo un pequeño grupo de pacientes son candidatos a éste tipo de tratamiento, estimándose, según una serie reciente, que sólo es aplicable al 7 % de las trombosis venosas profundas (60). Los mejores resultados se obtienen en las trombosis venosas no oclusivas, sobre todo cuando ellas son proximales. Si se obtiene una lisis completa del trombo la mayoría de los pacientes no debería tener secuelas. Como es frecuente la producción de migraciones embólicas durante el tratamiento, su uso justificaría el empleo de filtros intracavos transitorios (61).
Su mejor indicación parece ser la trombosis venosa iliofemoral, sobre todo aquellas asociadas a trombosis venosas isquémicas .

b) Tratamiento quirúrgico.
Consiste en la trombectomía venosa, y tiene por objetivo la extracción de los trombos y la restauración de la permeabilidad del árbol venoso, permitiéndole recuperar su integridad anatómica, previniendo con ello el síndrome post trombótico y sus consecuencias. La trombectomía es irrealizable si no se interviene antes de 10 días desde la aparición de los primeros signos de edema o de embolia pulmonar.
Se efectúa una larga flebotomía femoral o cava y con la ayuda de una sonda de Fogarty se realiza la trombectomía (Figura 18). Algunos grupos son partidarios de crear una fístula arteriovenosa complementaria, con el objetivo de aumentar la permeabilidad por aumento del débito. Con lo anterior, la permeabilidad del procedimiento a largo plazo ha aumentado desde un 38 % hasta llegar a un 76 o 93 % (62).


Figura 18. Esquema de la técnica quirúrgica para realizar una trombectomía venosa de la femoral. A) Ubicación de la incisión arciforme sobre la arteria para eludir los linfáticos regionales. B) Luego de disecar y controlar con cintillas la vena femoral común y sus ramas, ésta se abre longitudinalmente. C) Extracción de los trombos desde el interior de la vena, inicialmente mediante la ayuda de una pinza de Foerster y después con el empleo de una sonda de Fogarty para asegurarse de remover la mayor parte de los trombos distales. D) Sutura de la vena al término del procedimiento.






El tratamiento con heparina a dosis eficaz se asocia al tratamiento quirúrgico. La mortalidad post operatoria es de alrededor del 2 %.
Debe considerarse el empleo de la trombectomía en todo paciente con trombosis venosa iliofemoral. La indicación más aceptada es la presencia de trombosis y flegmasia cerulea dolens rápidamente progresiva. Las contraindicaciones son la presencia de edema de mas de 10 días de duración, y la
presencia de signos de insuficiencia venosa crónica o historia de trombosis venosas previas en el mismo miembro (63).

c) Interrupción de la vena cava.
A pesar del tratamiento anticoagulante entre el 7 y el 20 % de los casos de trombosis venosa hacen una embolia pulmonar y, sin un tratamiento, apropiado el 25 % de los pacientes que han sufrido una embolia pulmonar tendrán una recidiva.
Con el fin de evitar nuevas embolias se han desarrollado sistemas de interrupción de la vena cava inferior. La ligadura de de la vena cava inferior está abandonada, salvo circunstancias excepcionales como las embolias sépticas.
Existen técnicas de interrupción externa de la cava y otros endoluminales. El sistema externo corresponde al clip de plástico de Adams-De Weese dentado, de 4 canales, colocado en forma quirúrgica ya sea por vía transperitoneal o por vía retroperitoneal. El clip es fijado alrededor de la vena cava por debajo de las venas renales. Los clips externos evitan la presencia de cuerpos extraños intravasculares, las perforaciones de la vena cava y la emigración del filtro.
Los dispositivos endovasculares se colocan bajo anestesia local y con la ayuda de un intensificador de imágenes. Se desciende desde la vena yugular derecha hasta la vena cava inferior por debajo de las venas renales, donde se libera el filtro que automáticamente se fija a la pared de la vena. Existen dos tipos de filtro que se utilizan con mayor frecuencia, el paraguas de Mobin-Uddin y el filtro cónico metálico de Kimray-Greenfield. Los filtros intravasculares se reservan para los pacientes de riesgo elevado o excesivamente obesos, en quiénes se desea evitar la anestesia general y la operación.
La indicación más frecuente para realizar la interrupción venosa es la embolia pulmonar recidivante en enfermos que reciben un tratamiento anticoagulante adecuado. También está indicada la interrupción venosa en los enfermos que sufren embolias pulmonares y no pueden recibir anticoagulantes. La mortalidad del procedimiento está dada fundamentalmente por la patología subyacente, y es de un 3 a un 7 % en los enfermos sin enfermedad cardiaca.
La recidiva de embolias pulmonares no fatales tras la interrupción parcial de la vena cava inferior se produce entre el 5 y el 15 % de los pacientes. Se ha descrito una morbilidad tardía importante en el miembro inferior afectado, de hasta un 30 %. En la mayoría de las series grandes, la interrupción venosa parcial se mantiene permeable en el 60 a 70 % de los enfermos. Un tratamiento anticoagulante complementario a dosis eficaz, debe ser siempre realizado. La contención elástica de la pierna es siempre prescrita en estos casos (45).

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